Después del inicio de clases con todas las ganas, la preocupación porque no pierdan el interés ni la concentración en los estudios se hace presente en los padres a medida que avanzan los meses. Enterate en esta nota qué recursos y estrategias podés aplicar para ayudarlos en su proceso de aprendizaje.

 

Las clases empezaron hace un mes y los chicos ya están cansados, no quieren saber nada con la tarea ni mucho menos con estudiar. Pero quedan ocho meses para que finalicen las clases y mucho camino por recorrer. Para no desesperar antes de tiempo, Entrevistamos a la licenciada Mariana Giacchino (Reg. 7115-04, Neuropsicóloga del Servicio de Neurología Pediátrica Hospital Italiano de Buenos Aires), quien nos afirma que “los padres pueden ayudar al niño a establecer un vínculo ‘saludable’ con el aprendizaje, planteando actividades que ayuden a la maduración del sistema nervioso central”.
Aprender a mirarse. Es posible surfear el año escolar siguiendo algunas estrategias que la licenciada Giacchino nos recomienda “para ayudarlos a mejorar procesos cognitivos como la atención y colaborar para que el niño tenga un mejor comportamiento”:

  • Ayudarlo a que tome conciencia de sus propios procesos y estrategias mentales, a partir de la autoobservación y observación de otros. Guiarlo con preguntas como: ¿qué estás haciendo?, ¿qué consecuencias puede tener tu comportamiento?, ¿qué otra cosa podés hacer, si no es eso?
  • Favorecer la autoevaluación: qué cosas salieron bien e hice para lograrlo, qué cosas tengo que mejorar y cómo voy a hacerlo.
  • Identificar distractores internos y externos para poder controlarlos. Hacer un listado de las cosas que lo distraen y pensar estrategias para eliminarlas o controlarlas. Por ejemplo: si hay un muñeco que me distrae, lo guardo en la mochila, pensar que quiero jugar en casa lo voy a pensar recién cuando llegue a casa y no durante la clase.
  • Brindar un ambiente ordenado, consistente y predecible. Establecer rutinas, horarios, planificar el tiempo. Usar agendas, calendarios, relojes.
  • Prepararlo para situaciones que implican postergación de algo que desea. Recordarle lo que debe hacer. Ser precisos con respecto a lo que esperamos de ellos. Darle límites claros y hacer contratos comportamentales a corto plazo.
  • Acordar con ellos señales para hacerle notar cuándo está empezando a distraerse.
  • Llamarle la atención en forma calmada. Criticar la conducta y no a la persona.
  • Reforzar comportamientos positivos.
  • Valorar conductas específicas, no generales.
  • Detectar los signos previos al momento en que el niño comienza a desorganizarse, para ofrecerle en ese momento una alternativa distinta para que cambie el comportamiento.
  • Utilizar código de colores en tapas de libros, para clasificarlos para las materias escolares.
  • Al estudiar, enseñarle a usar resaltadores y colores para ideas principales.
  • Dividir tareas en partes, acordes a los períodos de atención del niño, y acordar tiempos de descansos.
  • Brindarle momentos en los que se pueda mover libremente.
  • Utilizar el recurso del semáforo, para evaluar si su comportamiento es adecuado (verde), si tiene que pensar una alternativa a lo que está haciendo (amarillo) o si debe detener su conducta (rojo).
  • Hacer técnicas de respiración y relajación.
  • Brindarle un espacio de tranquilización, al que pueda ir cuando lo necesite.
  • Reforzar la autoestima: mostrarle sus fortalezas, mostrarle foto suyas realizando conductas positivas, fomentar la autonomía.

 

Con estas estrategias de apoyo, dice la Neuropsicóloga, “podrán mejorar la calidad de sus aprendizajes y, por ende, su calidad de vida”.

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