Llegar a un acuerdo en casa sobre cómo alimentar a los niños es todo un tema, pero, si seguimos unas rutinas de alimentación, puede resultar mucho más fácil.

 

Con la llegada de un hijo, hay muchas cosas para consensuar en la pareja, una de ellas es la alimentación: horarios, qué tipo de comidas darle, qué hacer cuando un ingrediente no le gusta, dulces sí o no, que tome agua o un poco de gaseosa de vez en cuando, entre tantas decisiones.

Es importante que los chicos reciban desde pequeños una misma información y para ello, la Licenciada Marisa Russomando, psicóloga especialista en Maternidad, Crianza y Familia y autora del libro Rutina desde los pañales (Editorial Urano), nos dice que “las rutinas son fundamentales, los ayudan porque aprenden a anticipar y los ordenan. Pero también son buenas para los padres porque es más fácil seguir una estructura que está en funcionamiento a tener que improvisar todos los días”.

Hábitos que perduran

Si queremos que nuestros hijos coman bien, los padres también tenemos que comer bien. No solo desde lo nutricional, sino también generando un buen clima, preparando el momento y pensando cómo lo queremos compartir en familia para que sea un espacio de tranquilidad. En este sentido, algunos hábitos saludables son:

  • Que no haya picoteos
  • Tener en cuenta el grado nutricional de los alimentos
  • Tener un horario desde que el chico comienza a comer, que se respete y que haya un orden

El trabajo, la falta de tiempo, el cansancio nos llevan a tomar el acto de comer como algo automático. Nos encontramos agarrando lo primero que encontramos en la heladera o repitiendo el menú de la noche anterior, pero “comer tiene que ver con experimentar, por eso hay chicos que son más abiertos a incorporar nuevos alimentos y otros que no. Los padres somos quienes tenemos la responsabilidad de abrir ese abanico”, afirma la Licenciada Marisa Russomando porque “si les hago fideos siempre y es su plato preferido, el momento de la comida va a ser más fácil, pero tenemos que sacudirnos de la comodidad para tener nuevos logros con nuestros hijos. Incorporar nuevos ingredientes aunque a los chicos no les guste, cocinar rico, sabroso, con distintos colores, buscar nuevas recetas con esos ingredientes que no comen para incluirlos de otra manera, por ejemplo”.

Sin pantallas

“Cuando uno come debe estar concentrado en lo que se come”, enfatiza la psicóloga. De esta manera, podremos tener un registro de lo que ingerimos y disfrutar de lo que implica la alimentación (colores, sabores). “Hoy se observan muchos chicos que comen acompañados de su tablet, celular o el televisor, pero es un mal hábito”, afirma.

El momento de la comida debería ser para compartir en familia o con quien esté con el niño. “Es un acto de amor” expresa Russomando, por lo que “incluye no solo mirarse a los ojos cuando es muy pequeño, sino más adelante también el compartir una charla”.

Las rutinas son las aliadas de una crianza saludable y, en el caso de la alimentación, es importante que los adultos acompañen este proceso y se pongan de acuerdo, fundamentalmente porque eso les brinda a los niños mucha tranquilidad y ahorra discusiones entre los adultos.

 

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