La lactancia es un período fundamental en la vida de un bebé. Si bien hasta los seis meses se aconseja sólo amamantar, hay circunstancias por las cuales algunas madres optan por otras formas de alimentación.

 

Si hay algo en lo que los distintos profesionales en nutrición infantil, pediatras o puericultores coinciden es en que la leche materna es el mejor alimento que un bebé puede recibir para obtener todos los nutrientes que necesita en el comienzo de su vida.

“Más allá de las opiniones que cada uno pueda tener, hay una postura o corriente que es la única válida y está basada en la ciencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha formado un grupo de expertos en lactancia materna que se ocupa de revisar toda la bibliografía científica sobre el tema y han desarrollado en 2001 un consenso sobre Lactancia Materna, en el cual nos basamos todos los profesionales y que sostiene que un bebé debe recibir Lactancia Materna Exclusiva, es decir sin otra leche, sin agua, sin jugos y sin comida, hasta los seis meses. Desde allí continuar con lactancia materna junto a las primeras comidas, llamadas alimentos complementarios. La recomendación de amantar parcialmente, es decir aún cuando el bebé ya come, es hasta los dos años”, explica la licenciada en Nutrición Jéssica Lorenzo, autora de Nutrición durante tu embarazo y lactancia (Editorial Dunken. 2014).

Ventajas insuperables. Los primeros seis meses de lactancia materna exclusiva son fundamentales para que el niño tenga menos enfermedades porque este alimento:

• Aporta una serie de factores inmunológicos (de defensa del organismo) que no poseen las fórmulas infantiles ni otras leches alternativas.
• Ayuda a un mejor desarrollo de su coeficiente mental y motriz.
• Reduce las enfermedades, como otitis media, infecciones respiratorias y diarreas, entre otras.
• Disminuye, en la mamá, el riesgo de algunos cánceres ginecológicos.

“La leche materna es un alimento vivo. Va modificando su composición a medida que el bebé crece y sus necesidades cambian. Podemos decir que es un alimento hecho a medida para cada bebé, que incorpora anticuerpos y nutrientes únicos”, afirma Iardena Stilman, puericultora miembro de la Asociación Civil Argentina de Puericultura.

Obstáculos sociales

Según la OMS menos del 3% de las madres no amamantan a sus hijos por falta de leche. Por el contrario, en la mayoría de los casos esta decisión se ve influenciada por presiones sociales. “Uno de los factores es el trabajo, pero el más influyente es la mirada que tenemos hacia la mujer que da el pecho y los mitos que circulan alrededor de esta situación. “Ya tiene dientitos”, “tu leche no lo alimenta”, son frases inciertas que circulan constantemente y hacen dudar a la madre si continuar o no dando el pecho”, indica Stilman.

La licenciada Lorenzo agrega que “tratar de amantar exclusivamente hasta el sexto mes de vida cuando a los 2 meses de nacido tu hijo tenés que volver al trabajo de 6 horas o más, parece una utopía. Extraerse leche y conservarla requiere toda una logística que no siempre es posible cumplir. Por eso las leyes deben ser re-evaluadas, para dar soporte a estas mamás que realmente quieren continuar con lo recomendado por la OMS”.

Ambas profesionales coinciden en que ninguna leche se asemeja a la leche materna ni puede suplantarla, pero, en caso de que la madre por algún motivo no pueda amamantar, no quiera hacerlo o prefiera complementarla, “la más apta o preparada es la leche de fórmula: si bien es de venta libre debería administrarse sólo bajo prescripción del pediatra ya que las hay para diferentes etapas y es importante extremar las medidas de higiene para suministrarlas”, afirma la puericultora.

Las fórmulas infantiles están formadas por aminoácidos, nucleótidos, ácidos grasos esenciales, minerales, prebióticos y probióticos que cumplen con los requerimientos nutricionales de cada niño y están diseñadas para cada etapa de su crecimiento. “Son siempre una composición homogénea y, desde ya que si no es posible la teta materna, son la mejor opción”, indica la licenciada Jéssica Lorenzo.

Las leches fortificadas son una segunda opción, sugeridas por el Ministerio de Salud de la Nación a través de las Guías Alimentarias para la Población Infantil. Las alternativas, como las de vaca, soja o de almendras, en cambio, no son recomendables por los siguientes motivos:

• La Sociedad Argentina de Pediatría y la Academia Americana de Pediatría, entre otras, desaconsejan la leche de vaca hasta el año de vida del niño, ya que su composición nutricional no sólo no se adapta a las necesidades del bebé, sino que algunos altos contenidos de ciertos nutrientes pueden dañar su salud.
• Las leches de soja y almendras pueden generar, entre otras consecuencias, deficiencia de calcio y de proteínas, pudiendo llevar a la malnutrición cuando se usan en reemplazo del pecho o de las fórmulas infantiles.
• Ninguna leche de origen vegetal es completa en los nutrientes que necesita el bebé, por lo que no se aconseja su consumo antes de los dos años, pero sí pueden ser utilizadas para enriquecer alimentos o preparar dulces esporádicamente.

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