Los hábitos saludables se aprenden desde la cuna y, para ello, el rol y el ejemplo de los padres durante las distintas etapas del crecimiento de los chicos son fundamentales.

 

La obesidad es uno de los problemas de salud que más está creciendo entre los niños, tanto que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en Argentina los menores de cinco años tienen la tasa de sobrepeso más alta de América Latina. Si bien su origen es multifactorial al involucrar aspectos genéticos, fisiológicos, metabólicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales y de estilos de vida, uno de los principales motivos ─dice el Lic. Sergio Farinelli, autor del libro de cuentos sobre obesidad infantil DINO-SAURUS─: “Es la poca variedad de alimentos, muy pocos ingieren verduras, legumbres, pescados y frutas, es decir en su dieta no hay alimentos saludables”.

Se empieza por casa

Para que los chicos tengan hábitos alimentarios saludables, los padres también tienen que tenerlos, porque el ejemplo siempre empieza por casa. “El momento en que los niños comienzan a incorporar alimentos, y gradualmente van dejando la lactancia, es clave para su desarrollo, porque es el proceso en el cual incorporan los patrones alimentarios que los van a acompañar por el resto de su vida. La dieta de los niños debe ser funcional a su edad y nunca debe ser restrictiva”, dice Farinelli. Para eso, los padres deben:

  • Proveerles comidas saludables.
  • Enseñarles a comer moderadamente.
  • Darles variedad de alimentos que incluya todos los grupos: lácteos, frutas, verduras y carne.
  • No limitarse a sus pedidos que, en muchos casos, están dirigidos a comidas altas en grasas, sal y azúcares.
  • Ofrecerles alimentos de manera paulatina e ir aumentando la conformación integral de todos los alimentos en su dieta. Por ejemplo, mezclando en su plato alimentos que le gustan con los que rechaza.

Malos hábitos

Cada familia tiene sus costumbres, pero si queremos sentirnos saludables, hay hábitos que debemos corregir:

  • Desayuno: “Uno de los peores errores que cometen las familias en cuanto a la alimentación de sus hijos es el escaso, y muchas veces ausente, desayuno de los niños. La falta de tiempo, no madrugar y salir de casa contra reloj se transforma en un grave problema que muchos adultos no lo asumen con la seriedad adecuada. El poco tiempo que los niños destinan a esta primera ingesta del día y los apuros de los padres hacen que el consumo de alimentos procesados aumente o que incluso los niños no desayunen”.
  • Sedentarismo: “Junto con la falta de ejercicio físico es otro de los hábitos que influyen en la obesidad infantil”.
  • Dispositivos móviles: “La gran cantidad de horas que los niños pasan frente a las diferentes pantallas son por demás perjudiciales”.
  • Elevado consumo de alimentos procesados, congelados y con altos niveles de grasa: cuando estos suplantan la comida casera, y hay ausencia de verduras, carnes, frutas y legumbres, se transforman en factores claves para el incremento de la obesidad infantil.

Golosinas, ¿sí o no?

Aprender a comer bien es una tarea diaria que comienza con la introducción de alimentos sólidos a partir de los seis meses de edad. “Este es un proceso de suma importancia ya que es en este momento donde el niño comienza a descubrir los sabores, la textura, las formas y los colores de los alimentos. Ofrecer alimentos de calidad nutricional, no altos en sal, grasas y azúcares, como pueden ser las galletitas dulces, saladas, golosinas, gaseosa y la comida chatarra es el paso inicial a contribuir en una alimentación saludable para el niño”, afirma el Lic. Farinelli. Pero esto no quiere decir que tengan prohibido comerlos, sino que: “lo que se debe evitar es que su consumo sea una constante”, aclara el experto.

Los niños se acostumbran a los sabores y a las preparaciones que consumen habitualmente en casa y que ven consumir a sus padres, así que la tarea es cumplir este rol con responsabilidad y con conciencia de su importancia para la salud de los hijos.

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