Familia

Sabores que trascienden

Está comprobado que el aroma y el sabor de los alimentos que ingiere la mamá pasan a la leche materna y, a través de ella, al bebé. Es así como se va familiarizando con diversos sabores que reconoce al comenzar con su alimentación complementaria.    
Durante el embarazo y la lactancia, la alimentación de la madre es muy importante tanto para su salud como para la del bebé. Pero, además, cada alimento influye en el sabor y en el aroma de la leche materna, de forma que “hasta se produce en el niño una mayor aceptación a las nuevas comidas una vez iniciada la alimentación complementaria”, expresa la licenciada en Nutrición (MN 6993) Evelyn Gitz, y afirma: “La calidad de los alimentos consumidos por la madre influye directamente en el volumen y composición de la leche”.
Está científicamente comprobado que:
  • La cantidad de ácidos grasos, de selenio, de yodo y de algunas vitaminas del grupo B de la leche es el fiel reflejo de la cantidad ingerida por la mujer que amamanta.
  • La cantidad de proteínas que contiene la leche puede verse afectada, si la madre está desnutrida.
  • La alimentación durante la lactancia debe ser rica en energía, grasas, proteínas y vitaminas para cubrir las necesidades para la producción de la leche.
Desde la panza
Evelyn Gitz refiere: “Se ha demostrado que las partículas encargadas de dar sabor a los alimentos son capaces de atravesar la barrera placentaria por lo que, dentro del útero, donde el feto traga líquido amniótico de manera habitual, está ya en contacto con los sabores más frecuentes de la alimentación de su mamá”. Durante la lactancia, el bebé puede rechazar el pecho en alguna ocasión debido al cambio de sabor de la leche materna, pero, según explica la nutricionista, “no es habitual que suceda por lo que no es necesario evitar ningún alimento de antemano”. Aunque sí puede ocurrir que: “sabores desconocidos o algunos conocidos, pero más fuertes puedan sorprenderle tanto para bien como para mal”, como en estos casos:
– Ajo: en un estudio realizado hace más de veinte años, se utilizaron píldoras de ajo para observar su efecto en los lactantes frente a un grupo de control al que se le administraban píldoras sin ajo (placebo). Curiosamente, cuando la intensidad del ajo era mayor en la leche, más atraídos se sentían los bebés por lactar.
– Espárragos, cebollas y coles de bruselas: el sabor y el olor de estos alimentos es detectable en la leche durante un espacio de tiempo variable, generalmente según la intensidad y la cantidad de alimento ingerido, por lo que, cualquiera que sea el efecto en el lactante, desaparece al cabo de unas horas, y vuelve a la normalidad.
Sin saberlo, a través de la leche, el bebé se está preparando para aceptar los diferentes alimentos al momento de comenzar con su alimentación complementaria. Como afirma la Lic. Gitz: “Con más frecuencia los niños alimentados con lactancia materna se sienten más atraídos a probar y aceptar después nuevos alimentos, ya que están acostumbrados a los habituales cambios de sabor de la leche. Por lo que cuando comiencen a probar nuevos alimentos, será como si en realidad ya recordasen esos sabores”.
Seguí a la Lic. Evelyn Gitz en:
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