Familia

Ser mamá a los 50

Empezar de nuevo o incursionar en el mundo de los bebés cuando tu vida parecía estar ordenada, con tus hijos grandes o tu profesión consolidada, es un desafío que eligen cada vez más mujeres.

 

“A los 50 pensás que todo empieza más o menos a encajar donde soñaste, en tu vida, en tu trabajo y en tu entorno social. Nada es perfecto y no lo va a ser, pero empezás a vivir sin dependencias feroces, conservás lo que te hace feliz o lo dejás ir sin angustia, porque ya podés elegir hacerlo. Hay más vivido que por vivir, y un año representa un minuto, todo se va muy rápido, o nos sorprende menos, aunque seguiremos buscando emociones hasta el fin de nuestros días”, pensaba Ana Langberg hace unos años hasta que la sorprendió, como ella dice, un “tsunami”, ese que por muchos años estuvo esperando. “En mi interior tenía un sueño recurrente, siempre presente e inalterable, un anhelo que llegaba a su fin, ser mamá. Fui persistente pero supe que mis pies habían llegado hasta el borde, y esta vez era la última. Como otras tantas anteriores, y más preparada para aceptar que había una parte azarosa incluida, estaba nuevamente frente a la puerta. ¿Se abriría esta vez? ¡Y la puerta se abrió! y del otro lado entró un tsunami, una ola gigante de emociones que lo invadió todo. A los 50 años podemos estar más “armados” pero como cualquier otro, tenemos que transitar la experiencia. Hoy puedo decir que mi hija Lucía es una motivación constante en mi vida, que descubrí muchos mundos gracias a ella que permanecían ocultos para mí”, expresa emocionada.

El caso de Claudia Altuna es diferente porque ya tenía cuatro hijos, de entre 7 y 27 años, cuando nació Morella, su quinta hija que hoy tiene tres. “Hay una gran diferencia entre mi primer hijo y la última porque yo era una adolescente joven en el primer caso y ahora ya una mujer con mucha experiencia y que, muy conscientemente, decido compartir mucho de sus tiempos, dedicarle horas y esfuerzo”, dice.

Pero las dos, sin embargo, tienen en común el haberse animado a ser madres a los 50, ya sea nuevamente o por primera vez, y que sus vidas, que parecían ya estar resueltas y sin ataduras, se revolucionen entre mamaderas y pañales.

Cambio de paradigma. “Hoy una mujer a los 50 está en la plenitud de su vida, se mantiene activa, vital y también reproductiva. Además, el avance de la ciencia y la tecnología permitieron prolongar considerablemente la edad de vida promedio y con ella se ampliaron los límites de los horizontes que antes imponía la biología”, afirma la Lic. Emmy Dana, Terapeuta Individual, de Pareja y Familia, Socio Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

En este sentido, el rol de la mujer en la familia y en la sociedad ha ido cambiando. Así, para la terapeuta: “Los tiempos actuales trajeron aparejados cambios enormes no sólo en materia de avances tecnológicos y científicos sino también de estructuras familiares y vínculos. Los matrimonios ya no son pensados para toda la vida y la estructura de la familia ya no es más la de papá, mamá e hijos. Al modificarse eso, la llegada de un hijo ya no se circunscribe sólo a este contexto”.

Una nueva vida

Cuando se le pregunta a Claudia qué significó volver a empezar, nos dice que trata de “minimizarlo pero es salir de la comodidad y dormir un poco menos. Si se puede compartir la tarea con el papá está genial, porque así debe ser, y si trabajamos afuera 8 horas por día, la ayudita de una niñera no está nada mal!”, y lo afirma con la experiencia de que, “¡todo pasa!”.

Ana, por su parte, puede enumerar sin dudar las cosas que han quedado atrás, sin sobresaltos: “Tiempo, no sólo el formal sino el relativo. Tu velocidad se modifica, hay muchos momentos en que creés que no pasa nada y está pasando de todo pero a otra velocidad. Decisiones espontáneas, del tipo estoy a la vuelta te paso a buscar y almorzamos? Saqué para este viernes entradas para… La programación llega definitivamente a tu vida y en forma categórica. Vivís haciendo preguntas pero tenés que contestar muchas más, y a veces cuesta. ¿Dónde quedó el silencio?”. Pero, por sobre todo, es capaz de describir una lista enorme de efectos positivos que le dio la maternidad: “Gané familia, amigos, juego, risas y alegría, y muchas preocupaciones que antes no tenía. El “si le pasa algo me muero” es trillado pero real y eso te muestra tu costado vulnerable, indefenso, débil. Gané intimidad con alguien que no es mi pareja. Distinta, hermosa, de mamá e hija con códigos secretos, palabras propias e inventadas, con complicidad. Somos sus referentes permanentes y en eso te sentís observada, criticada, elegida, comparada, pero lo más hermoso amada a viva voz, porque te lo hacen saber sin vueltas. El abrazo y el “te quiero mamá” es el mismo que le diste a la tuya, intenso y único, pero ahora que estás del otro lado no alcanza el infinito para describirlo”.

“Más años implican muchas veces madurez y tranquilidad para enfrentar este desafío con mayores y mejores recursos”, sostiene la Lic. Dana. Lo cierto es que, más allá de la edad y de las circunstancias, es el desafío más bello e intenso que nos puede regalar la vida.

COMENTARIOS