*Por María Freytes

 

Las mujeres somos grandes pasadoras de datos. Siempre nos estamos pasando el dato del tipo que corta bien el pelo, la colorista que logra bien el tono de rubio, el plomero bueno, bonito y barato o mandándonos por whatsapp recetas deliciosas que vienen bajando de generación en generación. Pero a partir de que somos madres y los niños empiezan a crecer, los datos en educación y crianza, me animo a decir, que son los más solicitados. Hoy quiero pasarles uno de esos datos preciados.

Hace días tuve la suerte de que Verónica de Andrés y Florencia Andrés (autoras de los libros Confianza Total y Confianza Total para tus hijos) compartieran conmigo una técnica que enseña a padres a mantener conversaciones efectivas con sus hijos, logrando que nos escuchen y, mejor aun, logrando hacerlos reflexionar acerca de conductas que nos preocupan y provocando cambios en estas. Parece imposible, pero no lo es… ¡Esta técnica nos demuestra que estamos a un diálogo de distancia!

Pongamos un clásico ejemplo en los tiempos de hoy:

Como padres no estamos de acuerdo con que nuestro hijo cada tarde se pase literalmente más de dos horas con su tablet, descuidando deberes, no levantando siquiera la cabeza de la pantalla para saludarnos cuando entramos, y no encontramos la forma de cambiar esta realidad, de hablar con ellos ni de que entiendan nuestra preocupación. Y sólo logramos que dejen el maldito aparato si lo escondemos o amenazamos con tirarlo al inodoro.

Es normal que la imagen repetida de nuestro hijo desplomado en el sillón con los ojos embobados en su pantalla nos crispe la paciencia y caigamos en los cuatros errores clásicos al abordar una conversación que hubiésemos deseado fuera sana y efectiva:

LO SERMONEAMOS, LO ETIQUETAMOS, USAMOS LA IRONIA, LO AMENAZAMOS.

Lo que primero pretende esta técnica es salir de los lugares comunes.

Vayamos por partes. Analicemos el tema de ETIQUETAR a nuestro hijo:

“¡Vos siempre el mismo vago!”, “¡Qué poco te gusta estudiar!”, “¡Cómo te va a costar la universidad!”, “Yo que vos me preocuparía…”.

Etiquetarlo es un clásico y es vital entender que es muy dañino para la autoestima del chico. Pero no sólo porque lo hiere, sino porque existe el riesgo de que nuestro hijo se crea lo que le decimos por impotencia y termine siendo esa etiqueta. Cada uno sabrá qué es capaz de decir en momentos de enojo, pero me animo a decir que las etiquetas son simples de decir, pero muy difíciles de sacar. El problema es que, si se las cree, le tomara años de terapia librarse de ellas.

El segundo error común en el que caemos los padres es: el SERMÓN.

Cuando se trata de abordar a un niño, lo largo y monótono del sermón no es un buen mecanismo de approach. Los niños no tienen una capacidad de atención prolongada. Los mensajes deben ser cortos, directos y claros. Además, el sermón de por sí no es atractivo para nadie porque encierra un poco la figura del sabelotodo y reduce a quien lo escucha a un simple acatador de ordenes.

Tercer error: AMENAZARLO. La amenaza es un recurso muy común y me hago cargo de utilizarla, sobre todo en situaciones de tiempo escaso. Pero un niño que sólo obedece por amenazas es un niño que no está ejercitando su autonomía, o sea, si sólo logramos que nuestro hijo nos haga caso porque lo amenazamos, su autonomía y su capacidad reflexiva quedan en desuso. Quizás logremos que suelte la computadora, pero no está entendiendo por qué es malo usarla en exceso. No hay un porqué ni un para qué. Solo hay una reacción autómata. El ideal es que se controle solo, de forma individual.

¿Cómo? Paciencia… Ahí va… Falta el último gran error: LA IRONÍA.

La ironía no sólo esconde algo de maldad en el mensaje, sino que además al ser un mensaje sutil pretende hacerte reflexionar diciendo todo lo contrario a lo que se piensa. No es claro para un niño, no suma y no transmite mucho amor, ¿no?

Entonces resumamos los NO:

NO A LA IRONÍA

NO A LA AMENAZA

NO AL SERMÓN

NO A LAS ETIQUETAS

VAMOS AHORA A COMO SÍ TENER UNA CONVERSACIÓN SANA Y EFECTIVA.

Primero, asegurate de tener unos minutos para encarar la charla. Nadie te pide media hora, quizás con 10 minutos baste. El niño no aguanta demasiado tiempo con atención total, pero sí es importante que vos estés dispuesta a darle atención completa y te comprometas con ese momento.

PARA ENCARAR UNA CONVERSACION EFECTIVA ES IMPORTANTE RESPETAR LOS SIGUIENTES 7 PASOS:

  • HECHOS (Enunciar el hecho que nos preocupa, entristece, enoja, etc.)
  • PENSAMIENTOS (Qué pensamos nosotros que está mal en ese hecho?)
  • EMOCIONES (¿Cómo nos sentimos con respecto a ese hecho: enojados, preocupados, impotentes, tristes?)
  • SOLUCIONES (Pensar soluciones JUNTOS. Dejar hablar al niño/adolescente)
  • PEDIDO (Luego de pensar soluciones JUNTOS, hacerle un pedido concreto de cambio y ver si está de acuerdo o si seguimos pensando soluciones)
  • ACUERDO (Tenemos un acuerdo)
  • VOTO DE CONFIANZA (Nos da su palabra)

ENUNCIAR EL HECHO:

Enunciamos el hecho que nos ocupa: “Últimamente veo que casi todos los días estás usando tu tablet al menos dos horas por día” (hecho).

Hay una enorme diferencia entre etiquetar, sermonear, ironizar o amenazar a enunciar un hecho irrefutable que tu hijo también es capaz de ver y de hacerse cargo. Partimos de algo en lo que ambos estamos de acuerdo y, al no herirlo, hacemos que no se ponga a la defensiva.

PENSAMIENTOS

Seguimos la frase agregando nuestros pensamientos: “Yo pienso que este hecho te quita tiempo para tus estudios, te desconcertás de tus otras obligaciones, te aleja de hablar conmigo o con tus hermanos”.

EMOCIONES:

Ahora le contamos cómo nos sentimos nosotras: “Y me pone triste (emoción) porque siento que es excesivo el tiempo que estás frente a esa pantalla y también me preocupo porque pienso que no estás estudiando lo necesario y me da pena que te pierdas la enorme oportunidad que te da el mundo real”.

SOLUCIONES

Ahora llega el momento de pensar juntos la solución.

El tema de pensar juntos el mejor camino en lugar de sermonear y obligar a acatar una orden es vital porque logramos que el otro reflexione, piense, aporte datos que nosotros desconocemos acerca de su mundo. Lo escuchamos sin enjuiciarlo. Escuchamos lo que tiene para decir.

Como madre le podés sugerir la siguiente solución: En la hora de la comida no hay tablet en la mesa. Aunque la cena dure 15 minutos preferimos otorgar a la hora de la comida 45 minutos porque, si no, siempre quieren terminar rápido de comer para levantarse a chatear en lugar de hacer sobremesa. Y establecemos el horario de chateo de 6 a 7 de la tarde y 15 minutos antes de dormir.

Mientras pensamos soluciones puede suceder que nuestro hijo nos cuente que chatea con alguien que recién se conecta a las 7 y preferiría que el horario de chateo fuera de 7 a 8. Conversando estamos más seguros de llegar a un acuerdo sostenible.

PEDIDO

Cuando llegamos a una solución conjunta le hacemos un pedido concreto, o sea: “¿Carlitos, yo puedo pedirte que solo chatees de 7 a 8 y que el horario de comer sea sin tablet?”.

Si nos contesta que SÍ, tenemos un acuerdo. Si responde que NO, significa que tenemos que seguir pensando soluciones.

Ahora hace falta SELLAR EL ACUERDO.

Una vez que estamos claros con EL ACUERDO, hacemos una pausa y le preguntamos: “¿Podés comprometerte a cumplir con este acuerdo?”. Lo miramos a los ojos y sellamos nuestro acuerdo con un compromiso. Es importante que él diga “SÍ, me comprometo a hacerlo”.

No todas las discusiones requieren de esta técnica. Como padres tenemos que saber elegir qué batallas son importantes y darles el espacio a resolverlas de fondo.

Fotosearch_k25396579 - Conversacion efectiva

Nota: Esta técnica no sólo sirve para hijos a partir de los 8 o 9 años, sino que es muy efectiva en adolescentes, maridos, empleados, mujeres, amigas, madres, etc., etc., etc. Para más información www.confianza-total.com.ar

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