Hace poco asistí a una charla en el colegio de Simona, mi hija mayor, donde Matías Muñoz, psicólogo especializado en familia y crianza, hablaba de la importancia de educar en la vulnerabilidad y no en el ego.

*Por María Freytes

 

La temática me atrapó de lleno. Al ego lo tengo fuera del área de juego hace tiempo, pero la vulnerabilidad: ¿Cuán desarrollada la tengo? ¿Tiene cabida en mí? ¿Entra en casa? ¿Juega de plantel estable o la tengo dormida en el banco de suplentes? ¿La muestro? ¿Con orgullo? ¿Con recelo?

  • ¨¡No muestres tanto interés en el trabajo! ¡Mirá si no te eligen! ¡Decí que estás evaluando otras propuestas!¨
  • ¨¡No llores que te están mirando! Mostrarte vulnerable te debilita.¨

Primer error grosero: Asociar vulnerabilidad y autenticidad con debilidad.

  • ¨No creo sea una buena idea compartir con los chicos que no te ascendieron en el trabajo. Puede perjudicar la imagen que tienen de vos. Ellos necesitan admirarte como padre.¨

Segundo error grosero: Los padres somos superhéroes sin imperfecciones. En esta casa se valora el éxito. Las frustraciones, por favor, dejarlas colgadas en la puerta de entrada.

  • ¨¿Cómo puede ser que seas la única de la clase que no haya pasado la prueba?¿Nadie más te acompaña en la desgracia?¨ (Mal de muchos, consuelo de pocos)
  • ¿Te sacaste un diez? ¡Felicitaciones! Aunque… ¿Fuiste la única o la prueba era fácil? (Depende la respuesta, el diez se aprecia o devalúa).

Comparaciones. Rankings. El miedo a quedar últimos. La carrera. Ser Top Ten.

  • “¿Alguien no entendió el enunciado?”, pregunta la profesora.

Nadie levanta la mano, aunque todos sabemos que minutos más tarde y en voz baja, navegaremos en Google en busca de explicaciones perdidas.

  • “¿Alguno sabe la capital de Uruguay?”.

Las manos se agitan para dar la respuesta y ser premiadas en el ego.
El día que se premie levantar la mano para preguntar lo que no se sabe, la educación habrá entendido el valor de la curiosidad, aliada indispensable de la vulnerabilidad.

Vivimos en un mundo que demanda innovación, creatividad y adaptación al cambio, pero no estamos dispuestos a darnos un buen porrazo. ¡Si tenemos vergüenza de caernos, estamos fritos!

En una sociedad que está ávida de Likes y pulgares arriba, contar los intentos fallidos ¨no garpa¨.

Vivimos ponderando el logro consumado, olvidando que quien abraza el éxito probablemente ha dejado un tendal de intentos y enormes dosis de valentía para superar, en cada prueba, la vergüenza de las miradas ajenas y también de la propia.

¿Autenticidad y vulnerabilidad? Sí, pero en pequeñas dosis, con maquillaje y tapa ojeras, que las imperfecciones todavía molestan.

Educar en el ego o educar en la vulnerabilidad. Vivir en el ego o vivir en la vulnerabilidad. Pero jamás olvidar el coraje que conlleva saberse y mostrarse, imperfecto.

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