¿Sos de las que empiezan una dieta y no la terminan? Probá cambiar tus hábitos con una alimentación diferente que te permite tener una relación sana con los alimentos, sin culpas ni obsesiones, escuchando lo que el cuerpo te pide.

 

Estar a dieta ya fue. Los profesionales, y distintos estudios, coinciden en que prohibirnos determinados alimentos nos hace vivir con culpa si nos salimos de ese plan restrictivo al tentarnos con el chocolate que tanto nos gusta o, incluso, nos aísla de nuestra vida social por miedo a no saber si podremos comer lo que nos espera en la reunión a la que nos invitaron. Por lo que, además, produce el efecto contrario y cada vez hay más sobrepeso y obesidad. ¿Cómo hacer, entonces, para sentirnos bien sin prohibiciones? Poniendo en práctica una alimentación intuitiva que, como explica la licenciada en Nutrición Mariana Pulenta (MN 6414), se trata de “volver a reconectar con las señales de nuestro cuerpo. Todos nacemos con esa intuición que nos avisa cuánto y cuándo comer, pero eso se va perdiendo con los años porque desde chiquitos nos obligan a hacerlo según horarios o cantidades determinadas”. Sin embargo, es posible cambiarlo. ¿Cómo? La nutricionista nos aconseja:

  • Primero hay que aprender a escucharse, saber cuándo se tiene hambre y cuándo se está satisfecho/saciado. Es todo un proceso en el que hay que tener atención plena y ser sensibles a lo que nos dice el cuerpo.
  • Alimentarnos en las primeras sensaciones de hambre, en lugar de cuando estamos famélicos, hace que nuestros niveles de glucosa en sangre se mantengan de manera equilibrada que es lo que nos hace estar saciados. Para esto es importante elegir qué comer de manera inteligente, consumiendo alimentos que nos aporten saciedad, como los que contienen fibra, proteína y grasas. Volver a la vieja escuela, donde se cocinaba, donde se estaba conectado con los alimentos desde su origen y se sabía lo que uno consumía.
  • Estar atentos a lo que nos hace bien y mal, no es normal vivir con dolor de estómago o estar todo el día hinchados. Hay que detectar qué alimento nos dispara esto y empezar a disminuirlo o evitarlo, para eso es importante ir a un nutricionista y ver con qué lo podemos reemplazar.

Ni prohibiciones ni culpa

Cuando aprendemos a escuchar nuestro cuerpo y a elegir lo que comemos, ya no tenemos que pensar en alimentos prohibidos o permitidos. “La idea es comer cosas ricas y tentadoras todos los días, descubrir alimentos nuevos y maneras de cocinarlos distintas. Se acabó eso de restringirse en la semana para comer hasta explotar el fin de semana. Si querés una comida rica y poco saludable de vez en cuando, no está mal, hacelo cuando tengas ganas”, afirma la Licenciada Pulenta.

Pero ¿cómo liberarnos de esa culpa y no pensar en las calorías? “Para empezar, el simple hecho de saber que no se tienen restricciones con ninguna comida, y que, si querés comer un chocolate hoy y mañana volver a hacerlo, podés, hace que ya disminuyan mucho esas ganas de comer alimentos que hasta ahora se tenían como prohibidos”, dice la especialista y aconseja, antes de comer, preguntarnos conscientemente:

¿Realmente quiero comer esto ahora?
¿Lo voy a disfrutar?

Por otro lado, es importante saber que estar saludables va más allá de lo que comemos. “Llevar un estilo de vida saludable no radica solo en comer un montón de frutas y verduras si después vas a estar pensando en ese chocolatito todo el día y eso no te da paz mental o si te prohibís salir con amigos porque no va a haber nada que te esté permitido comer”, asegura Pulenta, porque nuestra alimentación influye también en nuestro estado físico, mental y anímico. Y agrega que “está bueno salir de la monotonía de, por ejemplo, la tostada con queso untable y mermelada light de la mañana y cambiarla por un panqueque o unos muffins, idealmente hechos con harina integral para obtener más fibra, y endulzado con edulcorante o puré de frutas para no elevar la glucemia”.

Ser constantes

Los cambios de hábito en nuestra alimentación no se logran sin esfuerzo ni tiempo, son pequeños pasos que vamos dando para lograr un resultado duradero que se incorpore de manera natural y placentera en el día a día. Para eso, la Licenciada Mariana Pulenta nos propone dos objetivos:

  • Cuidarse siempre que se pueda: llevar un 80% de la alimentación de manera saludable y que el 20% restante sea para ser disfrutado en eventos, con amigos o porque simplemente teníamos ganas.
  • Innovar constantemente y animarse a probar distintas recetas y alimentos en sus diferentes versiones todo el tiempo.

“Una vez que empezás a escucharte y te sentís bien con tu cuerpo, de energía y de ánimo, hace que sigas eligiendo los alimentos que te hacen bien. Todo es una cuestión de hábitos. Lo importante es eliminar ese pensamiento de “todo o nada”, que es el responsable de ese ciclo de comernos todo y después pasar hambre y restringirnos”, concluye.

 

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