Llega la época más fría del año y las comidas calientes son nuestras aliadas para sentirnos más abrigadas, pero ¿qué hay del mito de que también son más calóricas?

 

El invierno tiene ese no sé qué por el que nos relajamos y ponemos en pausa esos hábitos saludables que habíamos logrado tener en épocas más calurosas, ¿no les pasa? Menos actividad física, más comidas calóricas: una combinación perfecta para que el monstruo de los kilitos de más vuelva a aparecer. Sin embargo, aún con temperaturas bajas “podemos alimentarnos rico y saludable sin necesidad de aumentar de peso”, dice la licenciada en Nutrición Solange Cittadini y afirma que “la clave es la organización para poder implementar estrategias que nos ayuden a cocinar preparaciones sanas sin caer en la típica ensalada, fruta o yogur recomendado en épocas de verano”.

Caliente no es lo mismo que calórico

El frío nos incentiva a elegir comidas más calentitas que, por lo general, tienen fama de tener más calorías. Pero esto no es necesariamente así, porque como explica la licenciada Cittadini, “para poder mantener la temperatura corporal no es necesario aumentar las comidas calóricas, sino adecuar la temperatura consumiendo, por ejemplo, verduras al vapor, salteadas o al horno”. Si seguimos estas recomendaciones, podemos sentirnos más abrigadas sin subir de peso:

  • Incorporar variedad de frutas y verduras en preparaciones calientes: salteados, revueltos, budines, souffles, rellenos, tartas integrales, compotas, muffins, buñuelos, entre otros.
  • Usar métodos de cocción que no requieran aceite, evitar frituras y en reemplazo utilizar spray antiadherente.
  • Si nuestro objetivo es mantenernos o bajar de peso, tratar de moderar el consumo de preparaciones hipercalóricas como aquellas que contengan gran cantidad de grasas, azúcar y/o refinados: guisos, cremas, pastas rellenas, chocolate, facturas, etc.
  • Las infusiones son libres: té, mate, café. Incluso podemos usar sopas caseras o caldos reducidos en sodio. De todas formas, siempre la primera fuente de hidratación va a ser el agua, nunca dejemos de consumirla en ningún momento del año en particular.

Crear diferentes versiones en las que predominen las verduras y combinar con otros grupos alimentarios como lo son las proteínas, hidratos y grasas saludables. Esto depende del requerimiento de cada uno, pero un plato ideal estándar es aquel que contiene 1/2 de vegetales (en este caso cocidos), 1/4 de proteínas (preferentemente magras: pollo, pescado, cortes de carne magros, huevo, queso descremado) y 1/4 de hidratos (cereales, arroz, salvado de avena, fideos, papa, batata, choclo, legumbres).

Sabiendo esta distribución podemos combinar todos los nutrientes creando nuestros ricos platos para pasar un invierno saludable sin subir de peso.

Tu cuerpo pide salsa

El frío nos da esa sensación de necesitar calorías extras para poder regular nuestra temperatura. Esto, en parte es verdad porque “cuando comemos un alimento nuestro organismo se pone en marcha para poder metabolizarlo (digerirlo, absorberlo, eliminarlo, etc.) y a partir de ese proceso obtiene y libera energía que se utiliza para que podamos realizar todas nuestras funciones vitales”, explica la nutricionista. Siguiendo este razonamiento es lógico que en invierno necesitemos más energía (calorías) para poder regular la temperatura corporal y pensemos que necesitamos comer más. Sin embargo, esto ya es un mito porque “esa temperatura la podemos regular a través de la calefacción o de un abrigo, con lo cual no necesitamos calorías extras”. Además, tenemos que tener en cuenta que, si nos movemos menos, el gasto energético es menor “entonces al consumir más calorías no las vamos a gastar, sino que las vamos a guardar como depósito de tejido adiposo (grasa)”.

Esto no quiere decir que tengamos que estar alejadas de esas salsas, pastas, guisos, sopas o chocolates que tanto nos gustan, sobre todo en esta época del año. ¡Al contario! “Podemos incluirlos mientras aprendamos a utilizarlos. Es un mito que engordan: lo que engorda son los malos hábitos, malas combinaciones, sedentarismo y exceso. La clave es que en nuestra alimentación predomine lo saludable, dejando pequeños espacios para lo placentero y no dejar la actividad física que nos va a ayudar a mantenernos activos y que nuestro gasto energético sea mayor aun en invierno”, concluye la licenciada Solange Cittadini.

 

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