¿Te cuesta controlar lo que comés cuando hay muchas opciones? No te preocupes, te contamos cómo, a través de la saciedad sensorial específica, podés disfrutar de los alimentos y decirle a tu cerebro que ya no tenés hambre.

 

Bajar de peso sin hacer dieta es, sin dudas, el sueño de todo ser humano. Para muchos parece una utopía, un ideal imposible de alcanzar. Sin embargo, lograr esa combinación puede ser mucho más simple de lo que se cree si sabemos regular nuestra conducta alimentaria. ¿Cómo hacerlo? El doctor Martín Giannini, médico especialista en Nutrición con orientación en obesidad (MN 114711), nos cuenta que “la saciedad sensorial específica es uno de los mecanismos que nos ayudan a regular la conducta alimentaria” y permite que nuestro cerebro, amante de los estímulos sensoriales, reciba menos señales y así se reduzcan las ganas, pero sin dejar de comer.

Variados, pero no juntos

Una de las principales premisas para una alimentación saludable es la variedad. El ser humano, como omnívoro, necesita comer unos 60 nutrientes por semana que se obtienen, aproximadamente, de 20 alimentos diferentes. Sin embargo, cuanto más variedad tenemos, más comemos.

En este proceso intervienen las diferentes dimensiones sensoriales que actúan en nuestro cerebro:

  • Lo visual: en los colores de los alimentos
  • La térmica: con las comidas frías y calientes
  • Lo gustativo: con sabores dulces, amargos, saldos, agridulces, etc.

Dado que cada estímulo va a producir, a través de diversos mecanismos neuroquímicos, una señal de ingesta que interpretaremos como “ganas de comer”, es que cuanto más comida veamos, más vamos a querer probar. Pero la solución no está en quitar alimentos de nuestra lista: cuando nos exponemos a un alimento por un período prolongado de tiempo, nuestro cerebro se aburre y como resultado nos reduce las ganas de comer, pero también nos limita la entrada de nutrientes críticos y necesarios para una buena nutrición.

Es ahí donde, a través de la saciedad sensorial específica, “tenemos que aprender a modificar el entorno alimentario para que juegue a nuestro favor y nos ayude a comer menos, sin esfuerzo, pero sin perder el valor nutricional, social y hedónico que representan los alimentos”, explica el profesional. ¿De qué manera? Para lograr los resultados esperados el doctor Giannini nos propone que “al preparar o comprar comida tratemos de que sea lo más monótona posible con poca variedad, pero que las diferentes comidas del día sean distintas para asegurarnos los nutrientes”.

Entonces, si vamos a hacer un asado, que no tenga tantas opciones; si compramos empanadas, que sean de un solo sabor o si compramos facturas para la merienda, que no tengamos mucha variedad. “Este simple cambio cotidiano puede producir grandes diferencias en la ingesta de calorías diarias, que se transforman en kilos de más o de menos de acuerdo a como la usemos”, explica el doctor Martín Giannini y asegura que, de esta manera, tendremos el control de nuestra propia alimentación sin privarnos de esas comidas que tanto nos gustan.

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