Si sos de las que tapan sus emociones con un kilo de helado o el chocolate más grande que puedan encontrar, esta nota es para vos. Tomate unos minutos para pensar y vas a poder cambiar tu relación con la comida.

 

¿Cuántas veces ingerimos algo en forma automática, solo porque es la hora de comer o impulsadas por nuestras propias emociones y ansiedad? Comer sin hambre es comer sin pensar, “y cuando esto ocurre solo para satisfacer emociones, de manera repetida, se traduce en una ganancia de peso”, afirma la licenciada en Nutrición (MN 6415) Carolina Lanzano.

Para evitar excesos de los que luego podemos arrepentirnos, Lanzano nos dice que “debemos aprender a escuchar las necesidades de nuestro cuerpo y a pensar antes de comer” para poder:

  • Reconectar con mi ser interno.
  • Tener organización y planificación: desde la confección de la lista del supermercado, ideas de menú hasta la preparación de las comidas.
  • Ser conscientes del momento de la comida.

Hambre emocional

Identificar por qué queremos comer es una manera de darnos cuenta de si lo estamos haciendo por necesidad o por emoción. “Desde que nacemos, lloramos y nos prenden al pecho. O cuando somos chiquitos y nos lastimamos, nos dan un caramelo para que dejemos de llorar. Es decir, crecemos aprendiendo a tapar emociones con la comida, cuando lo más saludable sería sentir la emoción y evacuarla a través de la palabra. ¿Quién no tuvo un día pesado en el trabajo y cuando llega a su casa lo primero que piensa es, “qué ganas de comer algo rico”, “me lo merezco”?”, explica la nutricionista. Darnos un gusto de vez en cuando o premiarnos con algo rico cuando no tuvimos un buen día no está mal, pero lo que la profesional indica es que eso no se nos haga un hábito que nos genere el hambre emocional, ¿cómo detectarlo?:

  • Aparece de repente.
  • El antojo es mental. Pensás en sabores y texturas específicas.
  • Sentís la necesidad de satisfacerlo en el acto.
  • Comés de manera compulsiva y, aun así, no te sacia.

“Tenemos que evitar esconder una emoción con comida. Muchas veces, identificamos que lo que estamos comiendo es una emoción y, así y todo, seguimos comiendo igual, sin hambre”, dice la licenciada Carolina Lanzano y recomienda hacernos estas preguntas antes de sentarnos a comer:

  • ¿Es hambre real? ¿O en este chocolate me estoy comiendo la discusión que tuve con mi jefe?
  • ¿Quiero comer algo puntual? ¿O cualquier cosa que me ofrezcan está bien? El hambre emocional requiere ser resuelto de manera inmediata y por lo general es con un alimento puntual. Cuando el hambre es física, cualquier alimento viene bien.
  • ¿Es hambre o sed lo que tengo? Probá tomando agua, muchas veces confundimos hambre con sed.
  • ¿Me merezco comer esto? ¿O me merezco tener un cuerpo sano y fuerte? (esta pregunta es principalmente para las personas con sobrepeso y obesidad)

Desde que armamos el menú y la lista del supermercado, tenemos que estar en modo “pienso, luego como” porque “el tener registro y control de lo que comemos, nos evita comer en exceso. Podemos aportarle al cuerpo lo que realmente nos pide y necesita regalándole salud”, asegura la profesional. De esta forma, seremos capaces de resolver nuestras emociones por vías alternativas a la comida y de disfrutar de los alimentos con la conciencia de estar nutriéndonos saludablemente.

Seguí a la licenciada Carolina Lanzano en:
Instagram: @Smarteat_
E-mail: smarteatt@gmail.com

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